jueves, 8 de enero de 2009

¡ POBRE RITA !

Pobre Rita.
Rita Paredes, amiga de An, cree que con un toque de ese maquillaje que compra en sus escapadas al Alto, que con ese botox con que infla sus pómulos, que con esos pechos que pagó con el rojo de su cuenta bancaria, va a poder escapar a la muerte. Pobre Rita, porque yo creo que lo cree en serio, y cuando sonríe con ese gesto de Mona Lisa a punto de llorar, uno no puede dejar de comprenderla.
Pobre Rita. Alguno de nosotros debería decirle la verdad de una buena vez, decirle que la muerte es la más turra de todas, que a esa hija de mil putas nada ni nadie se le escapa porque lleva la cuenta de todas nuestras vidas, y hay quien dice que hurga debajo de los peluquines, que arranca las placas de los maquillajes, que hace estallar siliconas por los aires y que descubre arrugas en lugares imposibles.
Hay que avisarle entonces a Rita que no imagine nunca más una cuenta contra reloj, que si no va a estar bien jodida y requetejodida. Hay que decirle de una vez por todas que por más que ella use la ropa de su hija, haga dietas imposibles y corra todas las mañanas sobre la cinta que oculta en la salita de estar, la muerte escruta hasta su propia sombra, la tiene muy en cuenta, la anota en su libretita cotidiana, la espía cuando se mira en el espejo.
Pero An me dice ahora que no. An me dice que no me preocupe por nada, que Rita se conoce de memoria todo ese jodido tema de la muerte, que lo único que ella quiere es que no se note el bichito del tiempo en la piel, que no se le apergamine la mirada. Lo único que Rita quiere es que asomada a los abismos de los espejos el horror quede desterrado para siempre, que una sombra apenas de lo que fue permanezca en algunos de sus rasgos. Y An también me dice ahora mismo que Rita no ansía estatismos ni inmortalidades. Simplemente pretende que la imagen engañe el peso del destino y así poder levantarse cada día, con un pasado cada vez más lejano, cada vez más añejo, más profundamente descartable.
La imagen es de Nirali.

3 comentarios:

Maga h dijo...

Bueno, aún así lo de Rita puede resultar extremo.
La ídea de muchas/os tal vez sea que el espejo devuelva algo mas coherente con lo que uno siente adentro. Hoy las arrugas van llegando y por adentro corren rios caudalosos de energía, juventud, ganas de hacer, de sentir, y al vernos, nos parece que no concuerda el adentro con el afuera.
Habrá que decirle a Rita que el pasado jamás será descartable, en todo caso reciclable.

Un abrazo Sergio

Anónimo dijo...

Es la resistencia al paso del tiempo.
Rita debería aceptarse a sí misma. Las arrugas no significan vejez ni nada. Las arrugas son las MARCAS que la EXPERIENCIA deja como TROFEO y no como verguenza.
Me gusta el blog.
Jorge.

Sergio Bonomo dijo...

Magah: El pasado es lo que nos trae hasta donde estamos, es lo que moldeó lo que somos y forjó "las marcas" que hoy tenemos.
Rita existe y a veces se olvida de quien es. Ella debería recordar que es mucho más que su cuerpo. Que el valor que ella tiene está instalado en otro lado, y eso es lo que perdurará para siempre.

Jorge: Tomé tu expresión "las marcas". Yo llevo mis marcas en el cuerpo y en el alma. No diré que estoy orgulloso de ellas pero sí que me pertenecen, que son mías, y que están allí por algo qaue viví, por algo que de alguna manera contribuyó a que yo sea quien soy.
Y esto se relaciona con un post de Magah en Palabras Descalzas http://mispalabrasdescalzas.blogspot.com/
Un abrazo Jorge, y seguí viniendo.
Sergio