sábado, 24 de enero de 2009

DELIVERY

Aquellos que manifestaron alguna vez que el Gordo Lomes tenía más panza que cerebro se equivocaron de cabo a rabo.
Si no me creen, mírenlo ahora. Dense una vueltita por su nuevo piso sobre Alicia Moreau de Justo, con generosos ventanales hacia al río, donde el Gordo montó sus oficinas.
Como yo tampoco podía aceptar semejante prodigio así nomás, emulé a Tomás, el apóstol, y dije: "Ver para creer". Entonces desafié el intenso calor de Buenos Aires y me lo fui a ver el viernes a última hora. Un guardia de seguridad me franqueó la entrada al edificio y me indicó que tocara el número catorce de los múltiples botones del ascensor. Cuando descendí, detrás de la puerta me recibió una secretaria cuarentona, de pelo rojo y de mirada ámbar, de minifalda de cuero negro y piernas vertiginosas. Enseguida me anunció. Esperé unos minutos y luego apareció el Gordo, luciendo una camisa floreada, moviendo a sus anchas el voluminoso abdomen, abriendo los brazos con un vaso de whisky en una de sus manos. Apareció cargado de anillos, cargado de pulseras, cargado de colgantes que brillaban ante el último sol de la tarde adormecida.
Lo miré. El Gordo se había convertido en la personificación exacta de la grasada, en el arquetipo platónico del gangster de película.
Me abrazó con fuerza descomunal, a los gritos, tirándome a la cara un aliento a alcohol berreta que me hizo pensar que era verdad aquello que dice que la guita no cambia a las personas.
Luego me hizo pasar a su despacho.
Conversamos. Conversamos largo y el Gordo transpiraba a chorros, a pesar de que el aire estaba puesto al máximo. Detrás de su enorme corpachón, a través de los vidrios herméticos, el río se dilataba hacia un horizonte imaginario donde el sol se escondía.
El gordo puso un delivery.
Me explicó.
"Yo te mando un catálogo y vos elegís, ¿entendés?. Es gente culta, estudiantes universitarios, futuros profesionales. Les garpo bien, yo gano bien, y todos contentos".
Mientras él hablaba yo escrutaba la imponente oficina: El escritorio enorme, la notebook última generación, las pinturas falsas en la pared, el bar bien surtido. Enseguida recordé cuando lo conocí: Atendía el teléfono en una pizzería del barrio y era el porterucho de un cabarute de mala muerte de la avenida Pueyrredón.
"Trabajamos mucho con hoteles, más que nada con turistas extranjeros, lo que pidas, ¿entendés?.
Entendía. Lo entendía muy bien. Entendía la notebook, el Río de la Plata de fondo, el pequeño barcito junto al escritorio y pensé que la perseverancia y el tesón eran los más potentes de todos los dones.
Decidí irme, me empecé a sentir mal; pensé que era el calor, o el aire acondicionado, no sabía. El Gordo se puso de pie y me abrazó otra vez, pero yo estaba mareado. Cuando me dispuse a salir me tiró la última frase: "Nene, cuando quieras un servicio llamá, para vos es en pesos".
Me reí sin ganas y cerré la puerta.
La imagen es un fotograma del film Scarface

3 comentarios:

Magah dijo...

Sergio:

Sos un sabio. Que el tesón y la perseverancia sean el mayor de los dones, me mató, no lo había considerado y es tan real!!!
Buenísimo tu relato, me pareció estar con ustedes.
Me atrápó rapidamente.

Un abrazo grande

cecilia dijo...

Me encanto este relato , pude ver a ese gordo grasa y sabelotodo . Quiero decirte que te conozco por el blogg de Magah y me atraparon tus comentarios con los cuales concuerdo,ahora soy otra de tus seguidoras .

PECHITO ARGENTINO dijo...

Magah: Gracias por leer y estar siempre. Con respecto al adjetivo que me adjudicás, creo que es demasiado; el concepto está dimensionado por el afecto que me tenés. Sí soy un hombre que está continuamente aprendiendo -como todos- y eso es bueno.
Ojalá algún día merezca realmente ser llamado así. Pero, como dice Alejandro Dolina, cuanto más sabe el hombre más cerca está de la muerte.
seguramente lo importante es el camino y el aprendizaje.

Cecilia: Bienvenida!!!!!
Y gracias por hacerte seguidora.
Sí, soy admirador, seguidor de Magah y de su blog. Creo que estamos ante una escritora que sabe como transmitir con sutileza el universo de las grandes verdades.
Espero que las cosas que yo escriba te gusten también. Ojalá logre estar a la altura de las circunstancias.
Gracias, Cecilia, una vez más.