miércoles, 28 de enero de 2009

ESPEJOS ROTOS

La última vez que Sergio visitó la casa de su amiga Geraldina rompió sin querer un espejo de pared. El vidrio se astilló de lado a lado, dejando una fina cicatriz como línea divisoria.
Después de ese episodio nunca más regresó.
A partir de aquel día la amistad de más de veinte años que los unía comenzó a sucumbir, cadenciosa, triste, lenta y empinadamente. Esa amistad, que en un momento parecía indestructible y perfecta, languideció sin sufrimiento alguno, hasta que dejó de existir definitivamente sin que mediaran despedidas, palabras o reproches. Sergio lo lamentó en silencio, no hizo preguntas y no esperó respuestas, tal vez allí estuvo el error.
Lo que sí realizó fue una paradójica, extraña y caprichosa asociación simétrica de hechos. Y en esa relación se remontó al viejo patio de baldosas de su infancia, donde a los seis años rompió el espejo de su bicicleta y supo, en ese momento, como en una ráfaga de pensamiento, que su vida sería la que hoy es y no la que pudo haber sido.
En ambos instantes el espejo roto apareció como gran protagonista, junto a sus anexadas desgracias.
Sergio por mucho tiempo ansió creer (y lo logró) que las cosas se resolvían de una manera mágica y fatal. Creyó ciegamente en el ser predestinado, en el ser atado a su destino. Creyó en la intromisión externa de la mala suerte, en la despiadada maldición de las cosas.
Así se vio un buen día enredado en una maraña de talismanes, en un laberinto de religiones, de dioses que prometen el oro y el moro, de tipos que sangran en sus cruces o que meditan debajo de los árboles y alcanzan una cosa que nadie logra alcanzar.
¡¡Mierda!!
Él hoy me escribió un e-mail y me contó que se levantó temprano y que decidió hacerse cargo de su propia vida. Me contó que se miró en el espejo de su habitación, como si lo hiciera por primera vez, y que se causó gracia. Y dijo también que algo se rompió, no en el espejo sino dentro suyo. Algo se desató. Algo que no sabe, o no puede, o no quiere explicar.
Comprendió que aquella amistad con Geraldina estaba rota mucho antes de la rotura del espejo. Años antes, siglos antes. Siglos de palabras mudas o dichas a destiempo.
También comprendió que la vida da revancha siempre, y que cada acto, cada abrazo, cada llanto y cada camino que se emprende es una nueva oportunidad para elegir.
Sergio me contó que mientras escribía el e-mail tenía varias pestañas abiertas en la compu, y que quería cerrarlas a todas de una buena vez, porque tanta sobrecarga le jodía.
Me dijo también que deseaba abrir una sola página que estuviera en blanco, que quería tomarse todo el tiempo del mundo, toda la aplicación necesaria para poder escribir el presente y vislumbrar el futuro.
Ojalá pueda hacerlo, porque el pibe se lo merece.
La imagen es de ruidocreativo.blogspot.com

13 comentarios:

Magah dijo...

No pude evitar llegar al final del relato conmovida y estrujando un puñado de lágrimas que querian salir.
Si podés me gustaria que le digas a Sergio, que el acto de romper es el mejor inicio para cualquier camino que desee emprender, haciéndose cargo del mismo, sin caer en la flojera de dejar en manos del resto su propio destino. Y que como se lo merece, nadie mas que él mismo sabrá cuidarlo y forjarlo, para que llegue a los mejores puertos.

Un abrazo de alguien que, como "Magah" es solo una buena persona, o trabaja a diario para serlo.

Anónimo dijo...

Sergio se merece lo mejor, seguro logrará lo que desea y mucho más.
El más fuerte de los abrazos.
An.

martu dijo...

sergio se animó a algo. y eso es mucho. la manera en la q se miró al espejo hace que la imagen que éste le va a devolver de ahora en adelante sea mas verdadera. quizás no más placentera, pero si más verdadera. y al final solo eso importa.

PECHITO ARGENTINO dijo...

Magah: gracias por leer y por emocionarte. Como te imaginarás esta historia me toca muy de cerca. Hacía rato que no hablaba con Sergio, pero ahora comencé a hacerlo de nuevo. Es una relación que a veces es un poco tirante, pero tratamos de llevarla. Obviamente le trasmitiré lo que has escrito; ya que -entre nosotros- yo también estoy de acuerdo con vos.
Un abrazo grande para Magah; en un rato me daré una vuelta por su blog.

An : Gracias por tus conceptos. Tal vez vos conozcas a sergio mejor que nadie, inclusive mejor que él a sí mismo. Tal vez quieras ayudarme cuando necesite contar alguna de sus historias.
Gracias por estar
Gracias siempre.
Un abrazo grande

Martu: Te agradezco mucho que te hayas dado una vuelta por aquí. Es un verdadero honor para mí, ya que siempre leo tu blog, y me parece de una exelente calidad.
Es verdad lo que decís, conociendo a Sergio te digo que quizá la imagen que ve de sí mismo no es la que quisiera ver, pero como vos manifestás, no se trata de una imagen distorcionada, es su imagen, nada menos. Le guste o no.
Aguante "La Ventana".

cecilia dijo...

Yo ya anduve por ahi y aunque parezca terrible despues uno ve lo maravilloso que es hacerse cargo de uno mismo , y sobre todo de su destino .... solo nosotros mismos podemos hacerlo ...

PECHITO ARGENTINO dijo...

Cecilia: Tenés razón. Lo que pasa es que a veces la vida desborda, y uno debe tomar distancia y ver
con claridad.
Gracias por venir,
Un abrazo.
Sergio

Magah dijo...

Sergio:

En mi blog hay algo para vos.
Un abrazo.

Ricardo dijo...

Uno siempre está buscando echarle la culpa a algo ó alguien, y hasta se llega al extremo esotérico que nos asusta. Pero es bueno algún día levantarse, mirar al miedo al espejo y decirle, hoy me toca a mí, si querés acompañame, pero de mi vida me hago cargo yo...
Muy bueno!
Abrazo

PECHITO ARGENTINO dijo...

Ricardo: Gracias por pasar.
Como verás comparto lo que me decís. Y esto es independiente de que se posean creencias religiosas o no. Frente a la vida el ser humano está solo para decidir y hacerse cargo de lo que le corresponde.
Un abrazo.
Sergio

Anónimo dijo...

Seguro que cuesta hacerse cargo de uno mismo y de las decisiones que tomamos,(quiza resulte mas facil decir, ERA EL DESTINO ), pero cuando nos hacemos cargo, y asumimos las consecuencias, (buenas o malas), que aliviados y livianos nos sentimos y con mucha mayor seguridad.

PECHITO ARGENTINO dijo...

Anónimo: Es verdad, no sólo aliviados, sino que el esfuerzo que pone uno logra modificar la realidad. A veces también se le hecha la culpa al afuera por nuestras suertes. Pero uno debe darse cuenta de la capacidad personal para modificar el destino
Gracias por venir... y quedate.

M@Rí@ dijo...

Precioso relato para una noche reflexiva cualquiera.

Un cálido saludo.

María.

PECHITO ARGENTINO dijo...

M@rí@
Gracias por pasarte por aquí, y por gustar de mi relato.
Un gran saludo