La risa es terapéutica, afrodisíaca y catártica. Reírse genera el flujo de endorfinas. La risa es propicia para el buen vivir, como el vino y otros deleites.
La risa del otro me estimula y me contagia.
Y la risa también es pasional, aunque muchos no lo crean así.
Tengo grandes recuerdos en donde la risa fue caudal y camino, encuentro y cercanía.
Reírse es fundamental. Nos hace olvidar el destino último de toda vida y nos enseña que lo importante es el sendero, la aventura, y la intensidad del transcurso.
Para aquellos que desafían a la muerte con una buena sonrisa o con una estruendosa carcajada, va dedicado este poema.
TE REÍAS
Te reías
mientras las persianas izaban
un refugio fingido
te reías no
era mueca de asombro era
pura risa de eso que el destino
no sabe
musicalidad y espanto
pero también desapego y magia
desdén de la propia pureza
te
reías y era como un infinito dios
resucitando
era como tu risa en
los mercados al caer la tarde o
como las esquinas de la calle Corrientes
esquivando soles o
herrando la piel de los hombres que
te amamos
te reías pero detrás
siempre con un velo de asombro en los
ojos
yo evocaba tu risa que era como
una navidad infinita
tu risa como múltiples
regalos de fiesta
como cohetes en una
noche inmensa
como un festival de sombras
tu risa se me iba desesperando
iba
horadando los recuerdos de otras vidas
otras risas
con los ayeres
con los rezos inútiles de los
niños hambrientos a la salida del Abasto
vos te reías vertiginosa
te reías con palabras ensangrentadas
con balazos que mataban
la locura
te reías con el cuerpo
con la carne
asándose en el horno
con el vino que golpea el alma de
los hombres
te reías de espanto de
piedad
en las puertas mismas del olvido y de
la muerte.
Te reías
mientras las persianas izaban
un refugio fingido
te reías no
era mueca de asombro era
pura risa de eso que el destino
no sabe
musicalidad y espanto
pero también desapego y magia
desdén de la propia pureza
te
reías y era como un infinito dios
resucitando
era como tu risa en
los mercados al caer la tarde o
como las esquinas de la calle Corrientes
esquivando soles o
herrando la piel de los hombres que
te amamos
te reías pero detrás
siempre con un velo de asombro en los
ojos
yo evocaba tu risa que era como
una navidad infinita
tu risa como múltiples
regalos de fiesta
como cohetes en una
noche inmensa
como un festival de sombras
tu risa se me iba desesperando
iba
horadando los recuerdos de otras vidas
otras risas
con los ayeres
con los rezos inútiles de los
niños hambrientos a la salida del Abasto
vos te reías vertiginosa
te reías con palabras ensangrentadas
con balazos que mataban
la locura
te reías con el cuerpo
con la carne
asándose en el horno
con el vino que golpea el alma de
los hombres
te reías de espanto de
piedad
en las puertas mismas del olvido y de
la muerte.